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Comunicación feto-maternal en el embarazo

Última actualización 14 de agosto 2013
Sensibilidad y comunicación feto materna

Sensibilidad y comunicación feto materna

Introducción

Casi todo el siglo XX transcurrió con el concepto de que los bebés en formación eran insensibles o con un desarrollo rudimentario de los sentidos, incapaces de sentir o recordar el dolor y sin conciencia de sí mismos. Se creía que los fetos no pensaban, no tenían memoria u olvidaban con facilidad -especialmente eventos traumáticos- que poseían un cerebro inmaduro y primitivo y que no era posible ningún proceso de aprendizaje que no fuera una respuesta refleja.

También se tenía la idea que ellos vivían todo el embarazo donde estaban “protegidos” de las influencias del medio ambiente e inclusive del medio interno proporcionado por su madre.

Estudios científicos de diversas áreas, con intensidad inusitada en los últimos 10 años, ha permitido comprender que los fetos en desarrollo sí sienten, sí recuerdan, son capaces de responder a los estímulos, aprender y tener una comunicación exquisita con su madre.

Hoy día es evidente la interacción bioquímica entre madre y feto a través de la placenta considerada un órgano de intercambio complejo y no un simple filtro de oxígeno, nutrientes y desechos. El bebé se instala en el cuerpo de la mamá y lo convierte en el cuerpo de su madre en un pequeño hogar y nada de lo que suceda a su hogar le es ajeno.

El bebé crece rodeado del ambiente energético-emocional y esto forma parte de su historia personal antes del nacimiento. Movimientos, luces y sombras, sonidos, voces, estados internos y contactos a través de las fronteras de la piel, producen miles de constantes intercambios que estimulan al bebé, activan reacciones, movimientos, despertares de ensueños intrauterinos y graban caracteres durante la gestación que luego se harán evidentes durante su ciclo de vida.

Por ello se entiende la importancia de la nutrición adecuada, evitar drogas, alcohol y el cigarrillo y el considerar la contaminación ambiental como una fuente importante de toxinas, pesticidas, radiaciones y hormonas, entre otros, capaces de afectar negativamente al bebé.

Son impactantes los estudios sobre el poder y el impacto de las emociones maternas y paternas sobre los “bebés antes de nacer” y recién nacidos, favorece la comprensión del hecho de que los padres tienen la inmensa capacidad y son los responsables principales de la calidad del medio intrauterino.

El vínculo de apego afectivo emocional entre progenitores e hijo

La naturaleza prepara los lazos que cada ser vivo necesita para vivir. En la conducta y los sentimientos humanos la inclinación de la madre a cuidar y proteger a los hijos ocupa una posición única y privilegiada.

El vínculo de apego afectivo-emocional forma parte del proceso biológico natural.

El conocido como vínculo de apego afectivo y emocional forma parte del proceso biológico natural del embarazo. Más aún, se ha comprobado que la interrupción del embarazo tiene consecuencias en la salud psíquica de la mujer especialmente en la memoria emocional. Ha dicho el psicólogo Wilke que “es muy fácil sacar al hijo del útero de su madre pero muy difícil sacarlo de su pensamiento”. Esa es una experiencia universal de la mujer que sufre una interrupción del embarazo, sea cual sea su cultura o sus convicciones.

El cerebro de la madre cambia durante la gestación

En la mujer embarazada se producen cambios sustanciales en el cerebro. El proceso biológico natural del embarazo reduce el estrés en la mujer al desactivar la hormona cortisol y aumenta la confianza, al liberar oxitocina.

En una situación de estrés, las neuronas cerebrales del hipotálamo generan un factor que induce a liberar cortisol, pero en las embarazadas no es así. Entre el segundo y el cuarto mes, se produce entre 10 y 100 veces más progesterona y se reduce la respuesta emocional y física al estrés. Al tiempo que se almacena la oxitocina en neuronas del cerebro. Esta hormona se libera a partir del quinto mes de embarazo con los movimientos del feto.

La oxitocina es un neurotransmisor relacionado con la confianza. “Esta hormona, – explica la doctora Natalia López Moratalla- tiene receptores en diversas áreas del cerebro y las desarrolla permitiendo una capacidad especial para conocer las necesidades del bebé -lo que le pasa- y la sabiduría natural para ‹‹conseguir› lo que demanda”.

El análisis por neuroimagen de las emociones que la madre siente ante los estímulos de ver fotografías o vídeos del hijo o escuchar su risa y su llanto pone de manifiesto cómo es ese vínculo natural emocional y afectivo que se ha generado en ella por el embarazo. La tecnología actual nos muestra lo que la humanidad ha sabido siempre: que la madre es siempre partidaria de sus hijos y que con el embarazo el cerebro de la mujer cambia, estructural y funcionalmente,al responder a las consignas básicas que recibe del feto y se configura el que se puede llamar cerebro materno.

Esta transformación se suma a otros cambios hormonales del cerebro de la mujer a partir del día 15 cuando, implantado en el útero, el embrión se comunica con los tejidos de la madre. En el cerebro maternal se activan las áreas del sistema de recompensa y se silencian las asociadas a lo negativo.

De esta manera, surge una relación especial entre ella y su hijo. El vínculo se produce tanto a nivel celular como en el apego afectivo, cuyo centro neuronal está en el cerebro. La progenitora y su niño desarrollan así un nexo que tiene una fuerte base biológica desde las primeras semanas de la gestación.

El diálogo madre-hijo en la primera etapa de la vida es real e interpersonal, está hecho con un tipo de “palabras” que se producen a partir de las señales moleculares que traduce el cuerpo. Son reales porque es un diálogo que crea unidad —la más perfecta simbiosis— entre dos seres humanos.

La gestación poneal hijo en relación con el mundo internode su cuerpo y con el mundo exterior quees su hábitat humano, con sus sonidos yolores, son los lazos naturales.

La biología de la comunicación inicial entre madre e hijo

El cuerpo materno es el hábitat natural de la constitución de cada individuo, ahí se construye y ocurre la primera maduración del organismo. Desde la concepción arranca un reconocimiento entre las células germinales que portan el material de la herencia paterna y materna.

Las señales para construir el cuerpo del bebé van apareciendo a medida que avanza el desarrollo. Así, a lo largo del tiempo y el espacio, el bebe en formación y crecimiento ha recibido una información inicial que se amplifica y es continuamente actualizada por el intercambio de señales entre el organismo del bebé consigo mismo y con el cuerpo de su madre.

El diálogo molecular en los cinco primeros días de vida

Desde el inicio, y mientras el embrión recorre las trompas de Falopio en su camino hacia la matriz, envía avisos moleculares (sustancias) de su presencia y la madre “responde” aportando no solo factores nutritivos al embrión recién concebido sino que también orientando su recorrido, animándolo a crecer y seguir viviendo. Se establece el primer diálogo molecular y ambos se preparan a pasar esos 9 meses de vida en simbiosis.

El diálogo molecular natural de la madre con la mitad paterna del hijo:

Por medio de este fenómeno natural, el embrión, que es extraño al organismo de la madre, libera desde los primeros días unas sustancias que desactivan las células maternas que deberían generar las defensas correspondientes.

Es un proceso muy llamativo, el hijo envía señales a la madre y a través de la comunicación entre el embrión y los tejidos del útero materno, tiene lugar una serie de procesos relacionados y precisos para crear una tolerancia inmunológica: la madre reconoce a su hijo como alguien distinto de ella porque una mitad de él es de su padre, pero sin señal de ser un peligro. Por eso son dos vidas en simbiosis, ni el niño es una parte de ella, no un bebe con tejidos inmunológicamente peligrosos a los que tendría que rechazar.

De forma natural el hijo, que lo es de un padre y de una madre, que confía que el cuerpo de su madre es un lugar privilegiado solo para el, dentro del agresivo sistema de defensa inmunológico que provoca reacciones intensas por ejemplo cuando hay una infección contra el agente infeccioso o en un trasplante contra el órgano donado.

La naturaleza prepara los lazos que cada ser vivo necesita para vivir. La gestación pone al bebé en relación con el interior de su cuerpo y con el mundo exterior que es su hábitat humano, con sus sonidos y olores. Son los lazos naturales.

El diálogo con los movimientos cardiacos del bebé.

El primer movimiento dramático, que simboliza la vida en sí misma, es el primer latido del corazón que sucede alrededor de las tres semanas de la concepción. El embrión se instala en la continuidad del “tam-tam” del corazón materno. A partir del primer mes de gestación, el corazón que apenas se está formando incorpora sus “tam-tam-tam” en los ritmos del cuerpo-casa y el sentido del ritmo se afianza. Esta actividad rítmica continúa mientras que las válvulas, cámaras y todas las otras partes y conexiones, están en “construcción”.

La frecuencia cardiaca fetal en diálogo con los estímulos externos

Estudiar las características de la frecuencia cardiaca fetal en el ambiente intrauterino reflejan respuestas del cuerpo del bebé a diferentes cambios bioquímicos y neuroendocrinos.

Taquicardia: Es el aumento en la frecuencia del corazón fetal (más de 160 latidos por minuto se considera anormal). Se presenta en situaciones adversas como

  • Cuando la madre tiene fiebre.
  • Cuando hay situaciones de disminución de la llegada de oxígeno a los tejidos):
    • Hipertensión arterial de la mamá
    • Insuficiencia placentaria (que la placenta no cumple bien con su función de hacer llegar nutrientes y oxigeno al bebe)
    • Tabaquismo (porque disminuye el oxígeno en la sangre)
    • En la posición acostada boca arriba de la mujer con embarazo avanzado provocando la compresión de la arteria aorta y de la vena cava lo que produce falta de oxigenación (porque se disminuye el flujo sanguíneo)
    • Posterior a la anestesia (la respiración está disminuida y por lo tanto la oxigenación)
    • Por el estrés materno agudo y crónico: Se ha encontrado que las emociones maternas son capaces de aumentos en la FCF, por ejemplo, cuando la embarazada observa hechos violentos en la vida real o los medios de comunicación o si ella discute violentamente con su pareja
  • Algunas drogas producen taquicardia materna y fetal.

Pero el aumento de la frecuencia cardiaca fetal también se asocia a situaciones positivas si se produce en relación a los movimientos fetales y es la base de una prueba de bienestar fetal conocida como el monitoreo fetal anteparto

  • El corazón se acelera al bebé al escuchar y reconocer la canción de cuna cantada por su madre cuando se le ha cantado en varias oportunidades previas

Bradicardia: Es la disminución de la frecuencia cardiaca fetal (menos de 120 latidos por minuto se considera patológico).

Se asocia a situaciones negativas:

  • Cuando la hipoxia (o falta de oxígeno en el momento del parto) del bebé es severa,
  • Con el uso de drogas,
  • Hipotensión (disminución severa de la presión arterial) materna
  • Uso de anestésicos o sedantes y
  • Compresión del cordón umbilical, entre otras.

La disminución de la frecuencia cardiaca en embriones de pocas semanas se ha considerado como un signo predictivo de aborto.

Se asocia también a situaciones positivas como por ejemplo en los estados de relajación y bienestar de la madre.

La comunicación a través de los movimientos corporales del bebé

La percepción de los movimientos fetales, proporciona a la madre tranquilidad, ansiedad, afecto, etc. Hace que se intensifique la comunicación entre los padres y el bebé y logra que ese hijo ocupe un lugar tangible en la familia. Difícilmente volverás a sentirte sola.

La madre corresponde a estas señales (comunicación a través del tacto) y sus emociones (que pueden ser positivas o negativas) modifican –por medio de secreciones hormonales- el medio biológico que está constituyendo para su bebé.

El placer de sentir a su bebé reaccionar o de reconocer en sus movimientos un mensaje, crea un sentimiento de bienestar en los papás. El encanto que los padres experimentan es transmitido al bebé cuando le conceden un tiempo a la relación, cuando se dirigen a él a través de gestos suaves o le cantan una melodía.

Cuando ambos padres sienten que el bebé los percibe y les responde, sienten una seguridad que también es transmitida al bebé. La relación los sostiene a los tres. Esos momentos de comunicación en intimidad son muy valiosos para los papás y un verdadero tesoro para el bebé que está creciendo nutrido por esos sentimientos. El hecho de asumir esta nueva vida que se está formando y dirigirse a ella con consideración antes de su llegada al mundo crea un campo, una buena tierra para el desarrollo del vínculo de apego afectivo.

Movimientos fetales: Entre la semana 6 y la 10 del embarazo, el cuerpo del bebé empieza a moverse y adquiere graciosos movimientos de estiramiento y rotación de la cabeza, brazos y piernas.

Los movimientos son espontáneos y tienen ciclos de reposo y actividad. Estos movimientos participan y estimulan su desarrollo cada vez más completo y complejo. Los bebés in útero son capaces de:

  • Patear, dar codazos, abrir y cerrar las manos, extender y flexionar la columna vertebral, sobresaltos, girar el cuerpo, abrir y cerrar los labios, tragar, regurgitar, orinar, fruncir el ceño, sonreír, para nombrar algunos.
  • Los bebés pueden patear cuando se les presiona externamente el abdomen de la madre e inclusive “llevar el ritmo de la música” a la cual se les expone. Cuando la madre se ríe o tose, el bebé se moverá en segundos.

Movimientos oculares: El bebé realiza una serie de movimientos como abrir y cerrar los ojos, parpadear (entre las semanas 26 y 28), movimientos oculares rápidos (interpretados como episodios de sueño fetal a las 23 semanas) y movimientos de localización de la fuente de un estímulo auditivo o visual (un ruido, música o voz y ante una fuente luminosa como una linterna).

Movimientos respiratorios: El feto hace movimientos rítmicos respiratorios “in útero” (como parte del movimiento del líquido amniótico que entra y sale de los pulmones) Son movimientos rítmicos del diafragma y del tórax fetal observables desde la semana 11 de la gestación y capaces de introducir líquido en las vías aéreas en cantidad considerable desde la semana 16.

Su observación se interpreta como un signo de bienestar fetal. Se ha comprobado que tanto el cigarro como el alcohol alteran (disminuyendo) estos movimientos. Igualmente se ha visto que estos movimientos respiratorios no están presentes durante el momento de la labor de parto y que incluso pueden disminuirse notoriamente durante los 3 últimos días anteriores al parto.

Los cambios en el ánimo de la madre influyen en el bebé: Si estás con el ánimo decaído, sientes susto, pena, y esto es constante, el bebé lo presentirá. Y es que cuando esto ocurre, el cuerpo produce catecolaminas, una sustancia que activa los mecanismos de alerta produciendo un cambio en la frecuencia cardiaca, en tu respiración y en la presión arterial, lo que a su vez es transmitido al pequeño. Mientras que si estás en paz y alegre, liberarás endorfinas y el bebé sentirá tranquilidad, ya que estas hormonas llegan hasta la placenta.

Los fetos reaccionan al dolor con un incremento en los movimientos respiratorios (por ejemplo: cuando se les realiza una punción con una aguja para una transfusión fetal intrauterina) y se reducen luego de una amniocentesis (punción uterina para extraer líquido amniótico), tomándoles varios días para regresar al patrón normal.

Movimientos reflejos: Dentro del útero los bebés desarrollan una amplia gama de reflejos, muchos de ellos son vitales para su supervivencia después del parto.

  • Ellos tienen el reflejo de búsqueda (si se les estimula en la piel lateral cercana a la boca, ellos desviarán la cara en la misma dirección del estímulo y abrirán la boca)
  • Desarrollan y practican frecuentemente el reflejo de succión y es común verlos chupar el dedo con fruición a través de los ultrasonidos obstétricos,
  • Tienen desarrollados el reflejo de Babinsky, Moro, prensión palmar y plantar, entre otros

Ritmo circadiano (a lo largo del día-noche) en el feto

Hay evidencia de que existen ritmos circadianos en estos movimientos y los bebés son más activos durante la noche. Durante las últimas 10 semanas del embarazo, hay un aumento significativo en los movimientos respiratorios entre las 4 am y las 7 am o sea, mientras que la madre duerme. Este aumento ocurre justamente en un momento del día cuando las concentraciones de azúcar en la sangre de la madre son estables o están disminuyendo (la comunicación molecular entre la madre y el hijo continúa durante los nueve meses). Es por esto que se piensa que el aumento de actividad puede ser parte de un ritmo circadiano.

¿Y el vínculo con el padre?

Como ya lo mencionamos, el cerebro de cada persona goza de una enorme plasticidad; todo lo que experimentamos, las emociones, la actividad física, los hábitos intelectuales dejan huella en el cerebro. Es decir ambos padres adquieren modificaciones funcionales en el cerebro que los prepara para la paternidad y sus requerimientos.

Padre y madre responden con más intensidad al llanto que a la risa del hijo, mientras que sucede a la inversa en quienes no tienen experiencia de la paternidad. La influencia de la paternidad en el cerebro facilita el cuidado al reconocer mejor las necesidades que el niño reclama llorando. Podemos decir que lo que se genera por la experiencia de la paternidad es igual en ambos -padre y madre-, lo propio de la madre es lo que le aporta el embarazo”.

Por eso la experiencia de la paternidad (el contacto físico con un bebé, su olor, verle) provoca un vínculo de apego en los padres biológicos, adoptivos y en general en cualquier persona que cuida habitualmente de un bebé.

Intercambio celular rejuvenecedor del cuerpo materno o “microquimerismo”

Investigaciones recientes han puesto de manifiesto un fenómeno conocido como microquimerismo maternal (se define como microquimerismo la persistencia en un individuo –la mamá- de un bajo número de células o DNA de otro individuo –el bebé-). La fuente más frecuente es el embarazo.

Uno de los últimos hallazgos es un fenómeno bastante inesperado hasta hace poco tiempo. Los órganos de la madre contienen células procedentes del bebé pasan a la madre y se guardan en la médula ósea formando parte de la reserva natural de células que todos tenemos. Por ser más jóvenes que las de la madre, tienen gran capacidad para regenerar y rejuvenecer el cuerpo de la mujer. Otras se  dispersan en los órganos de la madre: piel, tiroides, hígado, riñón, glándula adrenal y pulmón. Se denominan progenitores celulares asociadas al embarazo (PACP), por su origen fetal tienen una gran capacidad de autorenovación y colaboran con las células madre adultas en la función regenerativa del cuerpo de la mujer.

Se ha comprobado que se traspasan a partir de la cuarta semana y que luego la mujer las conserva toda la vida. Este descubrimiento puede tener importantes aplicaciones clínicas porque son células diferentes que conviven.

Referencias