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Violencia y Embarazo

Última actualización 18 de julio 2014
Violencia y Embarazo

Introducción

La violencia domestica puede ocurrirle a cualquiera: mujeres de todas edades, razas, religiones, educación, niveles de ingresos y en cualquier parte del país. Pero es importante tener en cuenta que: NO estás sola y no es tu culpa.

Si eres víctima de violencia doméstica y estás embarazada, tú y tu bebé están en peligro de ser lastimados o asesinados.

El maltrato o abuso puede ser

  • Sexual: Mediante la utilización de sobrenombres vulgares, críticas a tu cuerpo o sexualidad, obligándote a mantener relaciones sexuales en contra de tu voluntad, bajo presión o amenaza, incluyendo la violación.
  • Físico: cuando tu pareja te golpea, te da patadas o la empuja
  • Emocional: cuando tu pareja te grita, te asusta o te insulta
  • Económico: Cuando existe un control o manipulación a causa de amenazas a tu estado económico o necesidades básicas, así como también, la desigualdad en el acceso a los recursos que deben ser compartidos o un puesto de trabajo y de propiedad.

Definir violencia ha sido un problema ya que, generalmente, se considera únicamente la parte física -es decir los golpes en los cuales queda una marca o huella de haber sido maltratada-, sin embargo esa solo es la expresión de los impulsos por medio de los cuales el agresor pudo descargar su ira y, en ocasiones, esta puede ser la última expresión de su agresión, ya que previamente hubo insultos u omisiones que detonaron las agresiones físicas.

En la actualidad es muy común hablar de violencia, los casos y las estadísticas nos muestran números que pueden ser alarmantes pero que parecen ajenos y extraños a nuestra vida cotidiana, es decir, vemos el fenómeno como si fuera algo externo a nosotros y que no nos compete, siendo que estamos inmersos en esta dinámica desde el momento en que nos enteramos que pasa a otros y no ACTUAMOS para cambiar la situación.

Violencia doméstica contra la mujer

Violencia doméstica en el embarazo

Se refiere a la generada por el compañero sentimental o por un miembro de la familia, que se caracteriza por conductas (violencia física) o por lenguaje violento y continuado (violencia psicológica). Poco a poco la violencia –cualquiera que esta sea- está siendo considerada como una de las amenazas más serias a la salud de la mujer.

La violencia psicológica: El maltrato psicológico es uno de los más poderosos y constantes y es tan poco perceptible, que su repercusión es mucho mayor que el maltrato físico. El objetivo es humillar y mostrar una situación de mayor poder y control en el otro, no hay un golpe, solamente actitudes y palabras que hieren profundamente al individuo hasta lastimar su autoestima.

Incluye amenazas de daño, violencia física o sexual y abandono; intimidación; humillación; insultos y críticas constantes; acusaciones; atribución de culpa; hacer caso omiso de la persona, no prestar suficiente atención a las necesidades de la víctima o ridiculizar dichas necesidades; controlar lo que la víctima puede o no puede hacer; negar las necesidades básicas (tales como comida, albergue y atención médica) y privación de la libertad.

Inicia con pequeños disgustos de pareja, en donde cada uno de los eventos traen consigo una carga emocional que puede repercutir no solo en el estado de ánimo de los participantes, sino en la relación misma, la cual se va deteriorando al generar un nivel de tensión cada vez mayor en el día a día.

La edad no es una barrera para evitar la violencia: las niñas, las adolescentes y las mujeres adultas sufren lesiones tanto físicas como psicológicas y, en casos extremos, la muerte. Pero son las mujeres en edad reproductiva quienes afrontan las mayores consecuencias ya que la violencia puede estar asociada con la incapacidad de evitar embarazos no deseados, con el embarazo en sí, con la pérdida del embarazo (aborto espontáneo y parto de un feto muerto), con el aborto y con el trato abusivo de las mujeres que acuden en busca de servicios de aborto.

¿Puede haber abuso durante el embarazo?

El embarazo no es un impedimento para el abusador, en algunos casos la violencia viene desde antes de la gestación y en otros casos puede ser un motivo de maltrato.

Esta situación es un patrón de coacción y control, que incluye la agresión física, sexual, emocional o combina­ción de ellos y amenazas contra una mujer, por su pareja o ex –pareja, antes, durante y hasta un año después del nacimiento de un hijo.

Hasta la fecha no hay ninguna prueba concluyente de que el embarazo en sí puede provocar mayor violencia contra la mujer. Sin embargo, en un análisis de los datos disponibles en 1998, se señalaron ciertas indicaciones de que el predominio del abuso físico y sexual es mayor y más grave entre las mujeres embarazadas que entre otras mujeres. Aun cuando los resultados de las investigaciones no son consistentes, se encontró al embarazo como un factor de riesgo para la violencia y su severidad. Se ha mostrado que la violencia no se detiene con el embarazo.

Abusos durante el embarazo

¿Cuáles son las razones?

Existen diversas razones por las cuales la pareja de una mujer puede recurrir a la violencia, particularmente durante el embarazo:

  • Él no quiere que ella acuda a la consulta médica. El control del embarazo por profesionales médicos exacerba sus celos y posesividad, pues no tolera que “toquen” o “vean” el cuerpo de la mujer al cual considera suyo.
  • Él sospecha que otro hombre es responsable del embarazo.
  • Él considera el embarazo una carga económica, ya sea porque su pareja embarazada trabaja menos en el hogar, o fuera de éste, o porque el nacimiento inminente de un hijo acarreará nuevas demandas económicas en un hogar de pocos recursos.
  • Él se pone celoso al percibir que la mujer embarazada presta menos atención a sus necesidades y sus deseos. Surge el temor al abandono o desapego y esto resulta ser el prólogo de la ira o episodio de violencia.
  • Él tiene dificultad de desarrollar un rol paterno maduro y protector, dado que es habitual que el hombre violento haya sido maltratado o testigo de violencia en su infancia.
  • Él ve que la mujer es más vulnerable o indefensa debido a su condición de embarazo y menos capaz de tomar represalias o defenderse.

Entre las mujeres embarazadas, las más jóvenes son las que presentan más riesgo de sufrir violencia doméstica. En general, el riesgo aumenta si viven solas, si vive en un ambiente hacinado y si tienen bajo nivel socio-económico. La violencia doméstica se asocia también con el consumo de alcohol, tabaco o drogas por ambos miembros de la pareja.

Factores de riesgo

En general, se acepta que hay ciertos factores que pueden predecir este problema, como:

  • Cuando hay antecedentes de violencia familiar y sobre todo cuando ha ocurrido durante el año previo al embarazo.
  • Cuando a la mujer ya la habían maltratado antes del embarazo o durante su adolescencia o infancia.
  • Si la pareja consume alcohol o drogas (principalmente cocaína),
  • Cuando la pareja tiene niveles altos de estrés y la mujer tiene pro­blemas emocionales como baja autoestima, aislamiento, inseguridad y depresión.

Otros investigadores también han señalado los siguientes factores de riesgo:

  • Mujeres jóvenes de bajo nivel edu­cativo y socioeconómico que tienen su primer embarazo.
  • El abandono de la pareja o su ausencia, pueden ser factores asociados, que en general sitúan a la mujer en una condición muy vulnerable ante la sociedad.
  • El problema es más común en lugares donde el con­cepto de hombría lleva implícito el honor del varón, la autoridad sobre la mujer y en ambientes donde se to­lera el castigo físico como medio para resolver disputas personales.
  • El desempleo, la familia numerosa, el hacinamiento habitacional, son otros factores, pero también existen otros en las clases acomodadas: que el embarazo interfiera en algún proyecto de viaje o trabajo; que la mujer no pueda acompañar al hombre en determinadas actividades sociales o deportivas en las cuales necesita su presencia o que actúe como anfitriona; el disgusto o “desprecio estético” por la esbeltez o silueta “perdida”

Consecuencias de la violencia doméstica en el embarazo

Los efectos de la violencia ejercida contra las mujeres son variadas; dependen del momento del embarazo, el tipo de maltrato, la frecuencia y el tiempo de exposición. Es posible hallar repercusiones tanto en su salud física y mental, como en su conducta social y reproductiva.

La violencia producida antes del embarazo, puede llevar a un incremento de embarazos no deseados, mientras que la infligida en las primeras etapas de la gestación tiende a provocar conductas negativas tales como fumar o ingerir alcohol.

Los estudios existentes no ofrecen datos concluyentes sobre el impacto de la violencia doméstica en los resultados del embarazo pero podemos, sin embargo, considerar dos aspectos igualmente importantes: las consecuencias físicas y las psicológicas.

Consecuencias físicas

  • Aumento de peso insuficiente lo que trae como resultado bajo peso al nacer del bebé, desnutrición y anemia.
  • Infecciones vaginales, cervicales o renales
  • Sangrado vaginal (amenaza de aborto)
  • Trauma abdominal que puede causar hemorragia
  • Exacerbación de enfermedades crónicas. La violencia también impide la terapia adecuada para patologías crónicas como la hipertensión o el asma.
  • Complicaciones durante el parto.
  • Retraso en el cuidado prenatal, las mujeres embarazadas no acuden a la consulta médica por pena o miedo.
  • Aborto espontáneo (la violencia contra la mujer puede contribuir tanto directa (por medio de abuso físico y sexual) como indirectamente (por medio de posibles infecciones de transmisión sexual y porque el estrés crónico durante el embarazo o las alteraciones emocionales importantes podrían afectar la regulación del sistema de defensa, hacer que el sistema inmune se active y poner en peligro el embarazo), a la pérdida de un embarazo.
  • Ruptura de membranas provocada por los golpes, infecciones o estrés.
  • Placenta previa
  • Infección uterina
  • Magulladuras del feto, fracturas y hematomas
  • Muerte

No toda la violencia sufrida por las mujeres embarazadas lleva a la pérdida del embarazo. Sin embargo, las investigaciones muestran que el tipo de violencia física habitual sufrida por las mujeres puede cambiar durante el embarazo: en vez de recibir golpes en la cabeza, ellas sufren golpizas dirigidas al abdomen, los genitales o el pecho. Esto explica el hecho de que en algunos estudios se vean tasas más altas de aborto espontáneo entre las mujeres que han sido maltratadas (tanto física como psicológicamente), que entre las que no han sido maltratadas.

Puede que las mujeres que viven en situaciones de violencia extrema también sean más propensas al aborto espontáneo.

Consecuencias psicológicas

La mujer embarazada y agredida por su pareja está en mayor riesgo de:

  • Sufrir estrés, depresión y adicción al tabaco, el alcohol y las drogas. Los efectos de la adicción a las drogas en el feto han sido bien documentados, pero los efectos de la depresión son más difíciles de determinar. Estos pueden incluir la pérdida del interés de la madre en su salud y en la de su hijo, tanto durante el embarazo como después del parto.
  • Las mujeres que sufren malos tratos durante el embarazo tienen más probabilidades de sufrir depresión postparto (alrededor del 50%, según algunos autores). Algunos investigadores afirman que la depresión existe a menudo antes del parto, pero que se descubre después.
  • La madre siente un fuerte rechazo o apatía hacia el bebé, sobre todo cuando es un embarazo no deseado y fruto de la violencia pues ella siente que la pone en situación de debilidad lo que la hace más susceptible al sometimiento. Muchas de ellas sufren cuadros de ansiedad y depresión.
  • Es importante tener en cuenta que, generalmente, el hombre que golpea a su compañera probablemente también golpeará a sus hijos.

Consecuencias para el bebé

Cuando la violencia ocurre durante el embarazo, las consecuencias inmediatas en el bebé pueden ser, entre otras, muerte, traumatismos, problemas respiratorios por falta de desarrollo de los pulmones, deformaciones ortopédicas, anemia, alteración de su sistema circulatorio, hemorragias, ruptura de órganos, falta de oxigenación (hipoxia), traumatismo del cráneo y daño en el cerebro, nacimiento prematuro, bajo peso al nacer, etc.

El rechazo que puede experimentar una madre hacia el producto que trae en su vientre, también se considera una forma de maltrato, ya que el bebé en gestación es sumamente sensible a las reacciones del medio externo y en este caso principalmente de la madre.

Las consecuencias tardías son: falta de apego madre-hijo y dificultades en la lactancia, riesgo elevado de muerte del bebé en el primer año de vida, maltrato infantil y posibilidades limitadas para su desarrollo físico, emocional, afectivo y social.

Las consecuencias psicológicas a largo plazo de la violencia doméstica durante el embarazo pueden tener un efecto perjudicial severo en el desarrollo psicológico del niño, quien probablemente será testigo de violencia doméstica después de su nacimiento.

Cuando el bebé crece en un ambiente destructivo o tóxico, como puede ser en un hogar en el cual la violencia es la forma de relacionarse, es un niño que va a presentar una alta irritabilidad, siendo un niño que llora todo el tiempo, demandante de la madre, intolerante y con falta de apetito, ello genera estrés en ambos padres, que se ven imposibilitados de calmar al niño, creándose un círculo vicioso que genera más violencia, a través de los reclamos, las culpas y la intolerancia por parte de ambos padres.

Diagnóstico

A nivel de la sociedad y la comunidad, las normas sociales que fomentan la tolerancia de la violencia pueden hacer difícil o imposible que la mujer denuncie el abuso físico y sexual durante el embarazo. Por lo tanto, ella se priva de la posibilidad de recibir asistencia médica para lidiar con el problema y sus posibles efectos en el resultado del embarazo.

La violencia contra la mujer embarazada requiere una evaluación y la intervención con el mayor grado de calidad y calidez por el médico que debe ser capaz de identificar sus efectos adversos en la madre y su bebé. Estas estrategias deben ofrecerse en cualquier ámbito social: urbano, suburbano y rural.

El médico tiene, en cada visita prenatal, una oportunidad para identificar si durante un embarazo está ocurriendo algún acto de violencia que potencialmente pueda dañar el curso normal del embarazo. Siempre se debe tener presente esta posibilidad cuando se han detectado factores riesgo o evidencias de agresión.

Violencia doméstica durante el embarazo

Sin embargo, esto es difícil para el médico ya que no es común que las mujeres hablen con libertad sobre este hecho; por el contrario, es frecuente que traten de encubrirlo, que no se atrevan a buscar ayuda o que desconozcan la forma de hacerlo. Para ellas es increíble que sea el padre del bebé quien lleva a cabo la violencia.

Cuando se acude a la consulta prenatal, aunque sea trimestralmente, se aumentan las probabilidades de descubrir el problema. El médico puede hacer preguntas de respuesta abierta -¿Cómo se ha hecho eso?- o de respuesta cerrada -¿Le han agredido?-, pues parece ser que es la forma más efectiva.

¿Qué pasa cuando la embarazada dice “sí”?

El médico probablemente hará una revisión más completa para comprobar que el bebé está bien. Si la embarazada es Rh negativo y se sospecha que haya ocurrido ruptura de la placenta por las agresiones, le administrarán inmunoglobulina Rh0. Es probable que tome fotografías para adjuntarlas a la historia clínica.

Si el médico sospecha de la seguridad física de la madre, puede llamar a una trabajadora social para que ayuden a la embarazada –teniendo en cuenta su opinión- a solucionar este problema con diferentes acciones: gestión de asuntos legales, proponerle un cambio de domicilio durante el embarazo, etc. Si una mujer ha sido víctima de violencia, puede que desee abandonar a su pareja y es normal que necesite ayuda psicológica para afrontar este cambio.

En caso de que decida permanecer en su situación actual, es importante que se le haga ver y entender que uno de los aspectos más frustrantes, es que la situación raramente va a cambiar para mejorar.

¿Qué puedo hacer ante una relación abusiva?

Primero y principal no sientas que estás sola, son muchas las mujeres que pasan por lo mismo que tú. Para evitar o prevenirte ante otros ataques puedes:

  • Organizarte y prepararte contando con números de teléfonos de amigos, familiares o autoridades policiales para que te ayuden en esos momentos.
  • Piensa en la seguridad de tus hijos y si tienes con quien dejarlos, llévalos a ese sitio.
  • Ten dinero escondido por si lo necesitaras en una emergencia.
  • Piensa algunos lugares alternativos en los que puedes ir a vivir si lo necesitaras.

Asistencia en México.

El Distrito Federal promulgó en 1996 la Ley de Asistencia y Prevención de la Violencia Intrafamiliar, mientras que también se modificaron el código civil y el penal a favor de esa ley. La violencia familiar debe ser denunciada lo antes posible en:

  • El ministerio publico de tu delegación
  • El juzgado penal de turno

Algunos de los organismos públicos que proporcionan orientación psicológica o legal son:

  • El Instituto Nacional de las Mujeres, comunícate al número 01 800 911 25 11, donde te proporcionarán un servicio nacional, gratuito y confidencial. Funciona todos los días, las 24 horas.
  • El gobierno del Distrito Federal tiene una Unidad de Atención y Prevención de la Violencia Familiar (UAPVIF) en cada delegación. Para informes de ubicación llama a Locatel: 56 58 11 11
  • Coordinación del Programa sobre Asuntos de la Mujer, el Niño y la Familia, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, teléfono en el Distrito Federal 56 81 81 25, o a las delegaciones estatales de derechos humanos.
  • Origen A.C. http://www.origenac.org/linea.html Asesoría psicológica, legal y médica. Gratuita y Confidencial. Línea pro ayuda a la mujer: 01800 015 16 17

Referencias