Año 2, No. 11 – Mayo 2015

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La salud reproductiva, la fertilidad y el medio ambiente

 Hemos logrado grandes avances en algunos aspectos de nuestra salud, como el aumento de la esperanza de vida y los adelantos en cuanto al tratamiento del cáncer pero, en otras áreas, se ha perdido terreno. Cuando se trata de nuestra salud reproductiva, nuestro bienestar se ha reducido a aproximadamente la mitad con respecto a la generación de nuestros abuelos.

En varias regiones industrializadas, los recuentos de esperma han disminuido un 50 por ciento en los últimos 50 años. Más mujeres, especialmente jóvenes menores de 25 años de edad, sufren dificultades para concebir y mantener sus embarazos. Comparando estadísticas de hace 30 años, ahora un 26 por ciento más de mujeres desarrollan cáncer de mama, un 46 por ciento más de hombres desarrollan cáncer de testículo y un 76 por ciento más de hombres desarrollan cáncer de próstata. Un 30 por ciento más de bebés nacen en partos prematuros y, en promedio, los bebés nacen ahora una semana antes que hace 15 años. (Fuente: Universidad de California, San Francisco).

En la mayoría de los casos, los investigadores no saben exactamente por qué ocurre esto. Sin embargo, existen indicios significativos de que hay factores ambientales involucrados.

Desde la Segunda Guerra Mundial, la producción de sustancias químicas se ha multiplicado más de veinte veces y la cantidad de sustancias registradas para su uso comercial ha aumentado más de un 30 por ciento desde 1979. Esas sustancias ingresan en nuestro cuerpo cuando respiramos, comemos, bebemos y cuando nuestra piel entra en contacto con productos de consumo.

Algunas atacan las células directamente. Otras interfieren en el funcionamiento de células, tejidos y sistemas de órganos al causar mutaciones (daños) en genes o cambios en la manera en que funcionan los genes.

Y otras causan daños al alterar los sistemas de comunicación y regulación del organismo.

¿Qué es la Salud Reproductiva?

Es la salud y el funcionamiento sano de los sistemas reproductivos femenino y masculino durante todas las etapas de la vida. La salud reproductiva permite que el hombre y la mujer puedan concebir, que la mujer pueda llevar el embarazo a término y amamantar, y que el bebé nazca sano y bien desarrollado.

La salud reproductiva también implica que los hijos no desarrollen enfermedades o incapacidades en etapas posteriores de la vida debido a exposiciones que hayan sufrido en el vientre materno o durante el primer año de vida, la primera infancia o la adolescencia, y que puedan concebir y tener hijos sanos y normalmente desarrollados.

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Se sabe que la exposición a sustancias puede afectar la reproducción humana.

Durante años, se supuso que nuestro nivel cotidiano de exposición no afectaría nuestra fertilidad, reproducción o desarrollo. Sin embargo, en los últimos veinte años, nos hemos dado cuenta de que esa suposición podría no ser cierta.

Los estudios científicos han demostrado que los niveles de sustancias químicas a los que se ve expuesta una persona promedio pueden evitar que los genes funcionen normalmente o interferir con el sistema de regulación del organismo y, en consecuencia, aumentar el riesgo de enfermedades, disfunción e infertilidad.

También se sabe ahora que la mezcla de sustancias a las que nos vemos expuestos puede ser mucho más tóxica que la exposición a las mismas sustancias por separado. Asimismo, nos rodean las pruebas que señalan el deterioro de la fertilidad y la reproducción en animales que también habitan nuestro medio ambiente, beben la misma agua, respiran el mismo aire y consumen alimentos generados en el mismo suelo.

Los riesgos para la salud reproductiva y la fertilidad

La concepción, el embarazo y el desarrollo fetal son procesos delicados, complejos y sumamente coordinados. Para que se produzca satisfactoriamente la concepción, debe lograrse, dentro de un breve período, una secuencia de sucesos que incluyen a los dos padres.

El desarrollo embrionario y fetal transforma una célula en más de un trillón de células de más de 300 tipos distintos. Las células se dividen, se desplazan a distintas áreas del cuerpo en formación, se especializan y conforman tejidos y órganos. Se establecen sistemas de comunicación entre los órganos y se programan los genes de varios tipos de células para llevar a cabo funciones específicas.

Muchos de esos sucesos están dirigidos por hormonas que producen el padre, la madre y el feto. Las hormonas son sustancias químicas vitales que ciertos órganos, llamados glándulas (endócrinas), producen para hacer que otros órganos, tejidos y células funcionen de forma específica.

Las hormonas entran en contacto con todas las células del cuerpo pero, gracias a que contienen unas moléculas químicas específicas, llamadas receptores hormonales, sólo pueden modificar el funcionamiento de células genéticamente programadas para responder a ellas.

Semejanza de las sustancias químicas con las hormonas

 

Muchas de las sustancias químicas a las que estamos expuestos en el medio ambiente y que entran en nuestro cuerpo son química y estructuralmente similares a las hormonas. Esas sustancias químicas se denominan disruptores endócrinos porque provocan mutaciones en los genes e impiden que las células, los tejidos y los órganos funcionen normalmente.

Ahora bien, si todos nos vemos expuestos a sustancias que pueden afectar la fertilidad y la salud reproductiva, ¿cómo es que aún podemos reproducirnos? El cuerpo humano adulto y totalmente desarrollado es resistente y cuenta con mecanismos que le permiten adaptarse a la exposición a sustancias químicas y reparar el daño ocasionado pero solo siempre y cuando esas dificultades sean menores.

En algunos casos, el cuerpo no logra adaptarse. Durante ciertos períodos de desarrollo (en el vientre materno, durante el primer año de vida, la primera infancia y la pubertad) el cuerpo NO cuenta con todos los sistemas necesarios para contrarrestar y reparar los efectos nocivos de las sustancia químicas.

En esas etapas de desarrollo las células se dividen, se multiplican y se programan para especializarse y formar distintos tejidos y órganos.

Los sucesos del desarrollo deben ocurrir dentro de un entorno hormonal específico y un período limitado. La interrupción de esos procesos, que puede ocurrir como resultado de la exposición a sustancias químicas, puede provocar graves defectos permanentes en el sistema reproductivo.

La exposición a sustancias químicas y la salud reproductiva de la mujer.

La exposición a sustancias químicas ha sido asociada a la disminución de la fertilidad y la función reproductiva, así como a índices elevados de cánceres, enfermedades y trastornos del tracto reproductivo femenino y masculino.

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La exposición a sustancias químicas, la fertilidad y el embarazo

Se considera que las búsquedas del embarazo prolongadas representan un indicio de reducción de la fertilidad y han sido asociadas con el hábito de fumar y la exposición al humo de tabaco ambiental; los entornos ocupacionales en los que se aplican plaguicidas o se trabaja con esas sustancias; la exposición a metales como el cadmio o el plomo; los trabajos en los que se utilizan solventes orgánicos (sustancias químicas utilizadas para disolver otros compuestos) o formaldehído (una sustancia utilizada en la fabricación de papel, paneles de fibra de madera y resinas); los trabajos de la industria de semiconductores; y la exposición al aire contaminado.

Los conocimientos sobre las sustancias químicas y otros factores de riesgo relacionados con los abortos espontáneos están limitados por nuestra incapacidad de identificar aproximadamente un 30 por ciento de los abortos espontáneos, especialmente los que ocurren durante las primeras dos semanas posteriores a la concepción.

Las anormalidades cromosómicas constituyen la principal causa conocida de los abortos espontáneos y, según se calcula, un 15 y un 5 por ciento respectivamente de las pérdidas fetales del segundo y el tercer trimestre.

Por lo tanto, la exposición a sustancias químicas podría estar involucrada en las causas genéticas y no genéticas de los abortos espontáneos. El nacimiento prematuro (cuando el nacimiento se produce antes de la semana 37 de gestación) representa la causa principal de muerte durante el primer mes de vida así como la principal causa de problemas de salud en etapas posteriores de la vida.

Asimismo, los bebés que sufren restricción del crecimiento intrauterino (RCI) tienen índices elevados de diabetes, obesidad y enfermedades cardíacas al crecer y mayores probabilidades de tener trastornos en el desarrollo del sistema reproductivo.

Por ejemplo, las niñas que sufren de RCI tienen más probabilidades de tener ovarios más pequeños y menos desarrollados que, en etapas posteriores de la vida, no responden correctamente a las señales hormonales que dirigen la ovulación.

Se sabe que el hábito de fumar, la exposición al humo de tabaco ambiental y el consumo de alcohol causan nacimientos prematuros, restricción del crecimiento intrauterino y bajo peso al nacer.

¿Qué podemos hacer?

 

En la revista del mes de junio, conocerás algunas medidas que puedes tomar para prevenir o reducir tu exposición a estas sustancias. De esta manera, podrás proteger tu salud y la de tu familia.

Referencias

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