Enfermedades crónicas y embarazo

Última actualización 19 de marzo 2014

Introducción

Ser mamá es la ilusión de la mayoría de las mujeres, pero qué pasa cuando alguna condición crónica impide el embarazo por afectar y/o poner en riesgo la salud de la mamá. Un elemento básico a considerar para la maternidad, son las enfermedades crónicas, que en general pueden poner en riesgo la salud de madre e hijo.

¿Qué se considera una enfermedad crónica?

Crónica se considera a toda condición de salud que presenta un periodo largo de evolución o bien que no tenga determinada su temporalidad, en cuanto a tratamiento y cura, por ello este tipo de enfermedades son consideradas también como padecimientos degenerativos.

Para considerarse “crónico degenerativo” un padecimiento no tiene que ser grave, de hecho algunas de las enfermedades  de este tipo se encuentran en el terreno de lo común. Tal es el caso de: la diabetes, hipertensión, hipotiroidismo, hipertiroidismo y hasta obesidad, condiciones que son cada día más frecuentes entre la población en edad reproductiva.

También existen otro tipo de padecimientos crónicos que se desarrollan por algún tipo de defecto congénito y para los cuales también se deben tener cuidados especiales En este caso, cuando se habla de embarazo es necesario consultar con el médico en cada caso particular, pues el manejo y tratamiento depende del estado general de la mujer y su historia clínica.

¿Qué sucede si tengo una enfermedad crónica y quiero embarazarme?

Hace años era inviable que estas mujeres pudieran tener un hijo, pero actualmente, entre otras cosas, gracias a los avances farmacológicos, sus embarazos transcurren sin grandes problemas.

Tu médico te informará acerca del efecto que puede tener el embarazo sobre la enfermedad y del efecto que ésta y su medicación tendrán en el feto; éste puede ser el caso de mujeres con: diabetes, asma, enfermedad inflamatoria intestinal, psicosis maníaco-depresiva, patología autoinmune, artritis reumatoide, enfermedades cardiacas, renales, tiroideas o fenómenos tromboembólicos, hipertensión arterial (HTA), infección por el virus de la hepatitis B (VHB), infección por el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana), tuberculosis o fenilcetonuria.

Si padeces de alguna de estas enfermedades crónicas que implican la necesidad de continuar con un tratamiento médico,  es necesario que consultes a tu médico antes de buscar un embarazo para que la gestación tenga lugar en las mejores circunstancias. El equipo médico sólo autorizará el embarazo cuando la enfermedad esté bajo control gracias a un tratamiento.

A partir de ese momento y hasta después del parto, deberás tener una mayor supervisión médica, tanto por parte del médico especialista en tu enfermedad como por parte del equipo obstétrico.

El embarazo está contraindicado cuando se sufren determinadas enfermedades graves, como afecciones cardíacas severas que podrían poner en peligro la vida de la madre.

Afortunadamente, estos casos son poco frecuentes y la mayoría de las veces es posible tener un hijo gracias al tratamiento de la enfermedad.

Diabetes mellitus

Si tienes este tipo de diabetes deberías hablar con tu obstetra antes de quedar embarazada. El embarazo en una mujer diabética, -independientemente del tratamiento- requiere controles muy estrictos porque es muy difícil mantener niveles estables de glucosa en sangre durante el embarazo.

Antes de la concepción, es necesario evaluar las complicaciones renales y oculares atribuibles a la diabetes. En el transcurso del embarazo se hará un seguimiento estricto de la glicemia (nivel de la glucosa en sangre) para adaptar las necesidades de insulina.

Las ecografías permitirán controlar la ausencia de malformaciones y el crecimiento del feto. Por lo general, el parto se provoca al principio del noveno mes para prevenir el riesgo de complicaciones durante las últimas semanas (muerte fetal in útero) y evitar que el bebé sea demasiado grande (macrosomía) y con poca maduración pulmonar, una complicación muy frecuente en madres diabéticas. Por otro lado, el índice de cesáreas es más elevado en estos casos.

Sin embargo si los niveles de glucosa en sangre han sido bien controlados puede esperarse un embarazo sin complicaciones asociadas y un desencadenamiento de parto espontáneo.

A continuación respondemos algunas de las preguntas más frecuentes que se formula una mujer diabética que busca un embarazo y dudas que le pueden surgir en el transcurso de los nueve meses de gestación.

¿Por qué se considera un embarazo de alto riesgo?: La hiperglucemia (concentración de glucosa en sangre mayor a lo normal) elevada y por tiempos prolongados está asociada a interrupciones espontáneas del embarazo, malformaciones del bebé, exceso de peso del bebé y, como consecuencia, partos más dificultosos.

¿Si tengo retinopatía diabética puedo embarazarme?: No es una contraindicación para quedar embarazada, pero requiere de tratamiento previo al embarazo (idealmente con láser) y un control permanente con el médico oftalmólogo durante todo el transcurso del embarazo.

¿Si tengo proteinuria puedo embarazarme?: No está demostrado que la nefropatía diabética (enfermedad renal causada por la diabetes) se agrave durante el embarazo. Con tratamientos farmacológicos puede manejarse sin riesgos importantes para el bebé. En el caso particular de que la proteinuria esté asociada a insuficiencia renal (que se manifiesta por el aumento de la creatinina en sangre), NO se aconseja el embarazo.

¿Mi hijo corre riesgos de ser diabético en el futuro si soy diabética insulino-dependiente?: El riesgo existe, pero es sólo un poco mayor que el de la población general. Se puede estudiar el riesgo mediante marcadores específicos en sangre del bebé lo que puede permitir, en algunos casos, tratamientos preventivos.

Durante el embarazo, ¿es necesario aumentar los controles diarios de la glucemia?: Es un período en el que hay que mantener un perfecto control glucémico, por lo que serán necesarios varios controles diarios para llegar a una dosis justa de insulina. El especialista te dará un programa que deberás seguir estrictamente.

¿Cuáles son los riesgos para mi bebé cuando tengo hiperglucemias prolongadas?: El mal equilibrio de las glucemias en las primeras semanas de la concepción puede ser el origen de malformaciones congénitas. Durante el transcurso del segundo y tercer trimestre los riesgos de la hiperglucemia son aumento exagerado de peso del bebé (macrosomía).

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¿Puedo continuar inyectándome la insulina en la piel del abdomen?: La inyección subcutánea es muy superficial y no trae ningún riesgo al bebé, además la piel abdominal es un lugar en donde la absorción de la insulina es muy buena.

¿Por qué la importancia de controlar regularmente la presión arterial?: El riesgo de hipertensión arterial está aumentado, si la detección es precoz se puede iniciar un tratamiento que evite complicaciones.

¿El embarazo favorece las infecciones urinarias?: En el caso de diabetes, las infecciones urinarias son frecuentes y pueden alterar el control metabólico de las glucemias. Debe controlarse mediante cultivos de orina durante todo el embarazo, para prevenir complicaciones.

¿Cuáles son los riesgos inmediatos del recién nacido?: Lo habitual son las hipoglucemias, especialmente en los bebés macrosómicos. En los casos de bebés prematuros el riesgo es la inmadurez pulmonar.

¿Puedo volverme diabética durante el embarazo si no lo era?: Sí. Se llama diabetes gestacional y es la que se diagnostica durante el embarazo. Durante el embarazo, debido a la acción de hormonas placentarias, se desarrolla lo que se conoce como diabetes gestacional.

¿Es importante la dieta que siga durante el embarazo? El nutriólogo te enseñará a controlar el azúcar de sangre controlando lo que se come, cuánto carbohidratos (los azúcares y los almidones, se convierten en el azúcar de sangre en nuestros cuerpos). Comer menos carbohidratos previene que se eleve el nivel de azúcar en la sangre. Algunos carbohidratos se digieren más lentamente y por lo tanto elevan el nivel menos que otros.

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En una dieta adecuada, se determinarán las cantidades correctas de los diversos alimentos y diseñarán un menú basado en tu horario, los alimentos que te gustan, tus niveles de azúcar de sangre y necesidades alimenticias en el embarazo. El desayuno es generalmente muy pequeño porque las hormonas del embarazo -que elevan el nivel de la glucosa en sangre- están en los niveles más altos por la mañana.

Hipertensión arterial

¿A qué se llama tensión arterial? A la presión que ejerce la sangre al pasar por las arterias o vasos sanguíneos que van desde el corazón a todo el organismo.

  • La presión arterial considera normal está en un rango de: 90/60 y 120/80 mm Hg
  • Valores por encima de 140/90 mm de mercurio son indicativos de presión arterial alta o hipertensión
  • Valores por debajo de 90/60 son indicativos de tensión arterial baja o hipotensión.

Cuando las cifras de presión sanguínea son superiores a 140/90 mmHg se considera una persona hipertensa. Las causas de hipertensión arterial pueden relacionarse con problemas en las arterias renales, producción de sustancias que inducen una constricción de los vasos sanguíneos y hasta tumores, como los de las glándulas suprarrenales.
Otras veces, no se encuentra ninguna razón que la justifique y a esto se denomina hipertensión esencial. Es más frecuente en personas mayores de 40 años pero puede ocurrir a cualquier edad.

La tensión arterial en el Embarazo: Antes del embarazo, conviene valorar las consecuencias de la hipertensión arterial en el organismo y adaptar el tratamiento.

Durante el embarazo la tensión puede sufrir ligeras variaciones. Generalmente en el primer control se establece la tensión arterial de base. La tensión arterial suele bajar los primeros meses de embarazo.

Algunos medicamentos podrían provocar anomalías en el feto, como los inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina, que son susceptibles de generar malformaciones renales.

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De ahí la importancia de consultar al cardiólogo antes de quedar embarazada. Durante el embarazo, el equipo médico comprueba frecuentemente la tensión arterial y vigila la aparición de posibles síntomas de preeclampsia. Asimismo, controla regularmente el crecimiento del feto, ya que la hipertensión podría provocar un crecimiento intrauterino retardado.

Hipotiroidismo

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La glándula tiroides, ubicada a nivel del cuello, es una de las más importantes del organismo. A partir de un sustrato, el yodo, esta glándula produce hormonas que intervienen en la regulación de muchas funciones como la reproductiva, el control de la temperatura corporal y la tensión arterial.

La hormona tiroidea más importante es la tiroxina y cuando sus niveles plasmáticos son inferiores a lo normal provoca síntomas clínicos como cansancio, somnolencia, sequedad de la piel, incremento del peso, caída de cabello, entre otros.

A veces su causa es la falta de ingestión de suficiente yodo (proviene del agua que ingerimos) y se lo denomina bocio endémico o falta de capacidad de la glándula para aprovechar el yodo de la alimentación. A este cuadro se los denomina hipotiroidismo. El hipotiroidismo se trata con la administración de hormona tiroidea exógena (T4).

Es muy importante que si buscas un embarazo o si estás embarazada, te encuentres bajo correcta medicación, ya que niveles bajos de tiroxina están asociados a riesgos de interrupción del embarazo durante el primer trimestre, parto prematuro y a complicaciones en la madre como  preeclampsia (hipertensión del embarazo).

Además algunos estudios preliminares demostraron que los niños nacidos de madres con hipotiroidismo durante el embarazo tenían un coeficiente intelectual disminuido y trastornos en el desarrollo psicomotor. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que, con el tratamiento adecuado, los embarazos con hipotiroidismo pueden ser totalmente saludables y sin complicaciones futuras en el bebé.

Hipertiroidismo

Es un cuadro caracterizado por un exceso de actividad o producción de hormona tiroidea. Cuando sus niveles plasmáticos son superiores a lo normal provoca síntomas clínicos como taquicardia, irritabilidad, insomnio, exoftalmía, sudoración e hipertensión arterial, entre otros.
Esta enfermedad puede agravarse con el embarazo debido a que la placenta produce tiroxina (la hormona que está en exceso). Debes programar tu embarazo con tu médico de cabecera y sólo buscarlo cuando tu enfermedad se encuentre compensada.

Asma

El asma severo y sin control puede complicar el embarazo aunque estos riesgos desaparecen si la embarazada se encuentra bajo control médico a lo largo de toda la gestación. Solamente las crisis muy severas de asma en la madre, y que lleven a una muy mala oxigenación materna, pueden llegar a provocar en el bebé falta de oxigenación (hipoxemia fetal) que pueden afectar su salud.

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En la actualidad estos episodios no son frecuentes ya que existen una amplia gama de medicamentos que se pueden usar y que no afectan al embarazo ni al bebé.

¿Qué puedo hacer para evitar las complicaciones? Lo ideal es hacer controles en conjunto con el obstetra y el neumólogo o alergista, para un control adecuado de la enfermedad, y tener la seguridad de un embarazo y parto sin complicaciones.
También será importante que sigas los siguientes consejos:

  • No fumes.
  • Evita el contacto con productos que te produzcan una crisis. Trata de identificar todos los factores desencadenantes de tus crisis para poder evitarlos. Los más comunes son el polen, hongos domésticos, humo del cigarrillo y productos de limpieza hogareña. Si estabas realizando un tratamiento “desalergizante” con inyecciones puedes continuarlo sin problemas, incluso estos tratamientos pueden comenzarse durante el embarazo.
  • Prevén las enfermedades más comunes: En lo posible evita resfríos, gripes y otras infecciones respiratorias.
  • Toma el medicamento prescrito por tu médico. Ante una crisis, tómalo lo antes posible. En presencia de un acceso asmático, inicia en forma inmediata para evitar la deprivación de oxígeno de tu bebé, si no mejoras, concurre a algún centro médico asistencial para un tratamiento más enérgico.

¿Qué sucede con la «falta de aire» del último trimestre del embarazo? La «falta de aire» en el último trimestre es un síntoma habitual en todas las embarazadas, pero suele alarmar a una mujer asmática aunque no sea peligrosa. Sin embargo a medida que se agranda el útero, la capacidad pulmonar a veces se ve modificada y puede ser motivo de accesos asmáticos, en estos casos, comienza con tu medicación lo antes posible.

¿Mi hijo corre riesgos de ser asmático? Las alergias y el asma tienden a heredarse, por lo que es importante alejar a tu bebé del contacto con sustancias alergénicas, alimentándolo a pecho exclusivamente por los primeros 6 meses de vida.

Enfermedad Celíaca

¿Qué es la enfermedad celíaca? La enfermedad celíaca, también conocida como enteropatía inducida por el gluten, es una lesión que afecta la parte superior del intestino delgado, lugar donde se produce la mayor absorción de nutrientes. A pesar de no ser una complicación propia del embarazo, la mamá con esta patología la conoce desde antes del embarazo con lo cual mantiene una dieta estricta y correcta durante el mismo.

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¿Por qué se produce? La patología se produce por una hipersensibilidad genética a sustancias que se encuentran en el gluten de trigo, avena, cebada y centeno, que provocan alteraciones de las vellosidades del intestino y anulan su función de absorción.

¿Cuáles son los síntomas? Los síntomas pueden ser variados, desde dolores tipo cólicos, flatulencia (gases) o diarrea explosiva.

¿Cuál es el tratamiento? La enfermedad mejora suprimiendo el gluten de la dieta y reaparece al incorporarlo, con lo cual en la dieta se debe suprimir los alimentos que contengan estas harinas pero a su vez cubrir todos las recomendaciones alimentarias para el embarazo.

¿Qué alimentos se deben suprimir de la dieta? Los alimentos que no se pueden ingerir son los siguientes cereales (y todos los alimentos derivados o que los contengan):

  • Trigo
  • Avena
  • Cebada
  • Centeno

La lista es larga con lo cual toda paciente que posea la enfermedad debe leer muy bien las etiquetas de los alimentos para saber cuál es su composición.

¿Qué alimentos se pueden utilizar? Las harinas que se pueden utilizar sin problema son las siguientes:

  • Maíz
  • Arroz
  • Soja
  • Almidón puro de trigo
  • Mandioca

¿Qué es la intolerancia a la lactosa? En la primera etapa de la enfermedad también se puede producir intolerancia a la lactosa. La lactosa es el hidrato de carbono de la leche y su presencia en el intestino con ausencia de una enzima puede producir diarreas o cólicos, con lo cual, en la dieta se debe suprimir la leche y los yogures, reemplazándolos por leche sin lactosa.
A pesar de todas las recomendaciones se aconseja consultar con un especialista para tener una dieta ordenada y equilibrada y consumir los alimentos que no contengan las harinas antes mencionadas

Enfermedad de Von Willebrand

¿Qué es la enfermedad de Von Willebrand? La enfermedad de Von Willebrand es una a alteración hereditaria en la coagulación de la sangre, debida a un déficit en el factor VIII coagulatorio y prolongación en el tiempo de sangrado.
Se caracteriza por retardo en la formación del coágulo en el proceso de cicatrización de las heridas. Se transmite en forma autosómica dominante de padres a hijos, lo que significa que siempre es heredada por los hijos de padres con esta enfermedad.

La tendencia a la hemorragia en las mujeres afectadas, es afortunadamente muy baja, por lo cual muy pocas veces se la diagnostica. Se piensa que es una enfermedad que padece el 1% de la población, lo que le otorga el privilegio de ser la “coagulopatía hereditaria” más frecuente.

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¿Cómo se detecta? A veces esta enfermedad se diagnostica durante la infancia debido al retraso en la cicatrización de heridas, hemorragias muy frecuentes nasales o en las encías, o por la aparición de hematomas por golpes sin importancia. También puede dar su primer síntoma en la pubertad, con la primera menstruación, causando menstruaciones más abundantes y más largas. Es muy raro que sean causa de complicaciones importantes como anemias refractarias al tratamiento o hemorragias importantes.

¿Qué pasa durante el embarazo? Durante la gestación, esta enfermedad no aumenta los riesgos de interrupciones del embarazo, pero en los pocos casos que están asociados con tendencia a la hemorragia, hay riesgos de hemorragia postparto. Los cambios hormonales del embarazo pueden alterar los factores de la coagulación y podrían incluso normalizar el factor VIII, disminuido habitualmente en esta enfermedad.

¿Cuál es el tratamiento? En la mayoría de las veces no se requiere de tratamientos especiales, pero en los casos con antecedentes de hemorragias nasales espontáneas, o post extracción dental, el ginecólogo tendra la precaución de disponer en el día de parto plasma o concentrado de factor VIII, o crioprecipitados, que se utilizan en forma endovenosa para el tratamiento durante el parto o el postparto.

Fenilcetonuria (PKU)

Es una enfermedad metabólica, que se transmite genéticamente (produce una alteración en la enzima fenilalanina hidroxilasa, produciéndose un aumento de los niveles de fenilalanina en sangre).
Actualmente, se ha comprobado que las mujeres jóvenes que padecen esta enfermedad, deben seguir estrictamente una dieta especial desde tres meses antes del embarazo y continuarlas durante el mismo.

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De esta manera, pueden controlar los niveles de fenilalanina en la sangre para poder tener un bebé sano. Necesitarán realizarse análisis de sangre por lo menos una vez a la semana durante todo el embarazo para asegurarse de que los niveles de fenilalanina en la sangre no sean muy elevados.

Epilepsia

El embarazo puede influir de distintos modos en la epilepsia, cuyo tratamiento debe mantenerse y, en caso necesario, adaptarse. Por lo general, la enfermedad no incide en el desarrollo del embarazo ni en el parto en sí, salvo en las formas de epilepsia favorecidas por una respiración rápida (en cuyo caso la mujer debe limitar sus esfuerzos expulsivos).

En cambio, las malformaciones fetales son más frecuentes por razones genéticas o debido al consumo de medicamentos antiepilépticos, en particular cuando es necesario tomar más de uno. Lo ideal sería tomar un único medicamento contra la epilepsia durante el embarazo. El médico receta suplementos de ácido fólico antes de la concepción y durante el primer trimestre, ya que los antiepilépticos reducen su nivel.

Estos suplementos ayudan a prevenir posibles defectos del tubo neural (espina bífida). Durante el último mes, y en función del tratamiento que siga, la futura madre deberá tomar suplementos de vitamina K, ya que algunos antiepilépticos dificultan su absorción y exponen al recién nacido a complicaciones hemorrágicas.
Por último, dado que los antiepilépticos entran en la placenta, es posible que el bebé presente un síndrome de abstinencia, algo que los pediatras deberán tener en cuenta. La lactancia está contraindicada en la mayoría de los casos.

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Es importante mantener la dosis de medicación mínima que controle el riesgo de crisis epiléptica y de ser posible, que sea un solo medicamento; incluso algunos investigadores recomiendan retirar la medicación previo al embarazo, si en los dos o tres años previos no se han presentado crisis.

Enfermedades cardíacas

El trabajo del corazón de una mujer embarazada aumenta desde el primer mes de gestación hasta el segundo mes después del parto. Un organismo sano tolera este incremento sin ningún problema, pero no ocurre lo mismo cuando el corazón está enfermo (aunque la paciente haya sido operada).

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El médico autorizará el embarazo en función de la gravedad de la enfermedad y de los riesgos que pueda entrañar. Algunos medicamentos recetados en cardiología pueden estar contraindicados durante la gestación. Además, es necesario adaptar el tratamiento en función de cada caso antes de la concepción.

Enfermedad tromboembólica o trombosis

Si tú, o algún pariente próximo han sufrido una flebitis o una embolia pulmonar, deberás informar al médico en cuanto sepas que estás embarazada. En efecto, el embarazo constituye un factor de riesgo que, en una mujer propensa, puede desencadenar una flebitis o una embolia pulmonar, preeclampsia o aborto recurrente.
Se recomienda la utilización de medias de compresión (actualmente disponibles en diseños muy actuales) y, en determinados casos, un tratamiento anticoagulante durante el embarazo y el puerperio.

Cáncer

Los tipos de cáncer más frecuentes en la mujer joven son los de mama, cuello uterino y tiroides, los melanomas y las enfermedades de la sangre (hemopatías).
Cuando el tratamiento del cáncer no ha eliminado la posibilidad de un embarazo, éste suele ser autorizado entre dos y cinco años después de superar la enfermedad.

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Es posible que el cáncer se detecte al inicio del embarazo, en cuyo caso deberá ser tratado por un equipo multidisciplinario. El cáncer en sí mismo y la cirugía no afectan al bebé, pero la quimioterapia puede causar defectos al nacimiento y, por lo tanto, el médico preferirá iniciar su administración hasta que el bebé pueda ser viable y se adelante el parto.
Para una información más amplia, consulta en la sección de “Complicaciones”: http://infogen.org.mx/category/embarazo/complicaciones/ , el tipo de cáncer que sea de   tu interés.

Lupus eritematoso sistémico (SLE)

Este trastorno autoinmune puede provocar síntomas similares a los de la artritis, enfermedad renal y erupción cutánea, y también incrementar el riesgo de aborto espontáneo o de parto prematuro.

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Sin embargo, cuando una mujer afectada no ha presentado síntomas durante por lo menos seis meses, lo más probable es que disfrute de un embarazo saludable. La atención médica antes de la concepción es importante para determinar cuál es el mejor momento para quedar embarazada.

Enfermedad renal

Las mujeres que padecen enfermedad renal crónica deben consultar a su médico antes de quedar embarazadas para determinar si el embarazo es seguro para ellas y para su bebé.
Algunas mujeres con enfermedad renal grave pueden sufrir más daño renal durante el embarazo y sus bebés pueden estar expuestos a un riesgo mayor de muerte y de falta de desarrollo.
Otras mujeres que padecen enfermedad renal leve por lo general tienen embarazos saludables, aunque deben asegurarse de que su presión arterial esté bajo control desde antes del embarazo.

Anorexia o bulimia

La anorexia y la bulimia son enfermedades psicológicas que pueden hacer que las personas afectadas se obsesionen con su peso corporal y quieran disminuirlo constantemente.
Los laxantes y los diuréticos pueden dañar al bebé en desarrollo y deben evitarse durante el embarazo. La desnutrición del bebé en desarrollo puede provocar disminución en el crecimiento fetal y bajo peso al nacer.
Es importante controlar este problema antes del embarazo.

Esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple es una enfermedad que provoca trastornos neurológicos, que evoluciona por brotes y de forma muy imprevisible. El embarazo es posible cuando la esclerosis múltiple se mantiene estable y no requiere ningún tratamiento inmunodepresor.
De todas formas, será el médico quien valore la situación en función de la evolución de la enfermedad (que varía mucho de una mujer a otra) y los tratamientos necesarios.
Por lo general, los síntomas no empeoran durante el embarazo, pero la enfermedad puede evolucionar en los meses siguientes al parto. El seguimiento médico no presenta ninguna particularidad: basta con vigilar la posible aparición de una infección urinaria. La epidural no está contraindicada durante el parto.

VIH O Sida

Es importante que tu médico sepa si tú o tu pareja han tenido conductas de alto riesgo, si te han puesto alguna transfusión sanguínea, si sospechas que alguno de ustedes dos tiene enfermedades de transmisión sexual.
El sida es una enfermedad viral que se transmite por vía sexual, sanguínea y de madre a hijo a través de la leche materna. El embarazo no parece incidir en la evolución de la enfermedad en una mujer seropositiva (que sea portadora del virus y no presente ningún síntoma de la enfermedad). Sin embargo, cuando no se sigue ningún tratamiento, el virus se transmite de madre a hijo durante el embarazo o el parto en el 25% de los casos.
Este índice ha disminuido de forma considerable gracias a los actuales tratamientos antivirales. Las embarazadas seropositivas son derivadas a 
centros obstétricos especializados.

Consecuencias para el niño. El riesgo de transmisión del virus de la madre al hijo es proporcional a la carga viral (cantidad de virus presentes en el organismo de la mujer). Sin embargo, es imposible determinar durante el embarazo si el feto está o no contaminado, ya que con la punción de sangre fetal se correría el riesgo de inocular el virus a un feto seronegativo.

La mitad de los niños que son seropositivos al nacer desarrollan la enfermedad. En cuanto a los demás, los especialistas no tienen la suficiente perspectiva para evaluar la evolución de su estado de salud.

Posibles soluciones. Las mujeres seropositivas son informadas de los riesgos que corre el feto y pueden optar por una interrupción del embarazo (cuando éste es legal). En caso de seguir adelante con el embarazo, se someten a una supervisión médica y obstétrica combinada con el seguimiento de un especialista.

El tratamiento que siguen estas embarazadas reduce significativamente el riesgo de transmisión de la madre al feto y se basa en la administración de medicamentos antivirales durante el embarazo y el parto. Cuando la carga viral es baja y el número de glóbulos blancos es suficiente, el equipo obstétrico puede autorizar el parto por vía vaginal; en caso contrario, debe practicarse una cesárea.

Después del nacimiento, el equipo de pediatría se encarga del seguimiento del recién nacido, que recibe sistemáticamente un tratamiento con antivirales durante seis semanas. Por el momento se desconocen los efectos a largo plazo del tratamiento antiviral in útero y durante los primeros años de vida.

La lactancia está contraindicada. La ayuda psicológica es esencial para la madre, a quien se aconseja el uso de un anticonceptivo eficaz combinado con el preservativo.

En mujeres seronegativas con pareja seropositiva, existe la posibilidad de inseminación artificial con semen lavado y libre de virus.

Referencias

Género: